El de la mula torda

El de la mula torda
Súbete al carro pinchando en él para comenzar el camino.
último

lunes, 14 de mayo de 2018

San Isidro 2018.

Para la  celebración de San Isidro, patrón de Madrid, te propongo un recorrido por el mapa de Madrid con las canciones que hablan de sus lugares. Haciendo clic en los puntos rojos podrás escuchar las canciones que tienen que ver con estos puntos geográficos. Activa los altavoces y a disfrutar de la música.
Haz clic en la imagen para llegar al mapa, deja tiempo para que cargue.

domingo, 13 de mayo de 2018

Plaza Rutilio Gacis.

   
En Arganzuela, en el barrio de la Chopera, junto a la iglesia de la Beata Mariana de Jesús, encontramos esta plaza.
Recuerdo mis años escolares, en los que un día a la semana bajábamos desde Lavapies hasta esta plaza con el objetivo de dar las clases de gimnasia. Nuestro colegio no tenía gimnasio, estaba en un piso en la calle del Oso. durante un tiempo las clases las dábamos en la calle de los Estudios. Pero allá por los años sesenta, el colegio amplió y se hizo con unos locales en la vecina plaza de José de Villarreal. Allí estaba el colegio de nuestras compañeras, las chicas. El centro educativo tenía un nombre rimbombante para la época, "Liceo Femenino". En los sótanos del edificio teníamos el gimnasio. Los días de gimnasia, salíamos de nuestro colegio de la calle del Oso y bajábamos por la calle Embajadores y en un pispás llegábamos a la plaza de Rutilio Gacis. En aquellos días la plaza era un barrizal. Tenía una fuente con un pilón circular en el centro. No había zonas ajardinadas. A la salida de nuestra actividad ocupábamos la plaza y jugábamos al fútbol contra nuestros compañeros del colegio de la calle de Alicante. Colocábamos las carteras a los dos extremos opuestos de la plaza, a modo de portería y comenzaba el partido, con pilón en el centro. A los chicos de Lavapies nos parecía una aventura el bajar a este barrio tan nuevo, y con tantos espacios abiertos para jugar. En las aceras siempre había algún operario trabajando. El colchonero, extendía una tela y sobre ella la lana y procedía a barearla, con esos mimbres más que retorcidos doblados, para mullirla y hacer el colchón. El latonero, soldando y arreglando los paraguas, los pucheros, las cacerolas y echando las lañas a los barreños de barro. Entre unos y otros algún puestecillo de verduras, de encurtidos y las mujeres con sus mandiles blancos vendiendo nata, requesón y calostros. Estas actividades comerciales se realizaban cerca de los soportales, justo al lado de la imprenta de nuestro amigo Eusebio. Cuando nos acercábamos a su papelería a comprar un lapicero o una goma de borrar o un pliego de papel, siempre nos recibía con una cara amable y una sonrisa, su bata gris y con alguna mancha de tinta hacían de él todo un personaje. Nunca sabíamos cuando estaba, pero él siempre nos veía, asomaba por detrás del mostrador entre los apilados paquetes de papel que en perfecto desorden y equilibrio reposaban sobre él. Todo esto nos resultaba muy curioso para los alumnos del centro de Madrid.
Busto del artista.

Con el paso de los años nada que ver esta popular y bulliciosa plaza llena de chiquillos con lo que es ahora. Como tantos barrios, los vecinos se quejan de la ocupación de la plaza por gente ociosa que se dedica a fines ilícitos y reclaman una intervención que minimice los problemas de convivencia que afectan actualmente a la plaza y que les permita disfrutar de este parque de proximidad. Se quiere que la plaza sea un lugar de encuentro más amable y diverso, tal come era en mis años escolares.
El nombre de la plaza hace mención al coetáneo de la Beata Mariana, ¿quiza se conocieron? Rutilio Gaci, si sin la ese final. De mayor, y cuando vi escrito este nombre, pensé lo contrario que le faltaba la ese final. No me podía imaginar que la placa del nombre de la plaza tuviera errores.
Pero ¿quién fue Rutilio Gaci? sabemos que ayudó a la realización del arquitecto Juan de Mora a diseñar las nuevas fuentes de la remodelación de Madrid. Todas ellas desaparecidas, entre ellas la de Puerta Cerrada, la de San Salvador o de la Villa

la de la Descalzas y la de Sol que estaba frente a la iglesia del Buen Suceso y que conocemos por la plaza de cerámica del rótulo de la Puerta del Sol. Las otras las podemos encontrar en el plano de Texeira, en concreto la que lleva la numeración 50. La Fuente del Humilladero de San Francisco, de Puerta de Moros o de Endimión.

La fuente hacia mediados del XIX fue trasladada a la plaza de Lavapies. como se puede apreciar en la imagen antigua. ¡Qué casualidad que viniera a nuestro barrio y los chicos de Lavapies bajásemos a la plaza que lleva su nombre.
Lamentablemente la fuente ha desaparecido pero la escultura que remataba la cúspide se encuentra con su hermana de la Abundancia en el Museo de Historia de Madrid, en la calle Fuencarral 78.
En los modelos de sus fuente, toma como muestra las florentinas, decoradas profusamente con elementos ornamentales, y rematadas con esculturas de mármol blanco, generalmente, con temas mitológicos. Casi todas las esculturas fueron compradas al comerciante florentino Ludovico Turchi. Este motivo hace que muchas de las fuentes se atribuyan también a Turchi.
Rutilio era un gran dibujante sobre todo de retratos en cera de colores. Su labor como fundidor la conocemos a las medallas de los reyes Felipe III y Margarita de Austria, Felipe IV
y su autoretrato con el de su su esposa, Beatriz de Roja y Castro.


 

martes, 8 de mayo de 2018

Británicos en Madrid.

El día 8 de mayo de este año año, celebramos nuestra tertulia quincenal sobre el tema de "los anglosajones en Madrid. 
Contamos y nos confirmó su presencia para ilustrarnos sobre este tema con David  John Butler. Quizá por el nombre no le conozcáis, pero si os comento que es "El Ángel Custodio" del Cementerio Británico, os sonará y muchos de vosotros, y sobre todo los que habéis visitado el Cementerio Británico de Madrid, le conocéis. David, con su acento peculiar, y su gestualidad efusiva, pero no histriónica y con su visión de la historia y su discurso,  nos deleitó. Nos aportó conocimientos y sobre todo las pequeñas anécdotas de los diferentes personajes históricos tratados. Que en definitiva nos aproximan a él y a la historia de un momento determinado haciéndola más comprensiva y coloquial. Al hablar sobre estos temas lo hizo como cuando se visita el cementaerio, se para sobre una tumba, y comenta la vida y obra del personaje.
El resumen de lo tratado en la tertulia, lo  puedes encontrar en las siguientes líneas, si bien han sido ordenadas cronológicamente para que resulte más didáctico.

La presencia de los británicos en Madrid es muy escasa, pese a ser el único grupo con cementerio propio en la capital. 
En  la toponimia de Madrid unos cuantos nombres, Calle de Londres en el barrio de Ventas.
De los personajes británicos en Madrid solo tenemos en nuestro callejero el de una plaza reciente, no sin polémica, la de la que fue primera ministra británica, Margaret Thatcher. La inauguración la realizó Ana Botella. Hoy en día existe una propuesta para el cambio de nombre de la plaza de la"Dama de Hierro", por el de Nikola Tesla.




Resulta curioso que el el vértice diametralmente opuesto a la plaza de la inglesa, se situé la nueva calle de "La Armada Española", con el monumento a Blas de Lezo, el medio hombre, y uno de los primeros ciudadanos norteamericano, ironías del destino. 

Pero volvamos a las primeras relaciones con los británicos, que se remontan a septiembre de 1170. El monarca castellano, Alfonso VIII, con una edad de 14 años, contrae matrimonio con Leonor Plantagenet de unos 10 años de edad. La etapa anterior es muy convulsiva en el reino de Castilla. Alfonso VIII hereda el trono a la muerte de su padre cuando contaba apenas tres años. Las dos familias más poderosas de Castilla intentan ejercer su influencia sobre el niño rey, lo que conlleva a una guerra civil en Castilla, por una parte entre los partidarios de la casa de Lara y de otra los Castros. Este momento es aprovechado por los reinos vecinos para enajenar parte del reino de Castilla. Después de este periodo el rey toma las riendas del poder y con el apoyo del rey de Aragón, Alfonso II el Casto, atacan al rey de Navarra Sancho VI, recuperando para Castilla los territorios usurpados durante su minoría.
Firma con el aragonés el tratado de Cazorla, por el cual se reparten el reino de Navarra y las zonas a conquistar de los reinos musulmanes. A Castilla le corresponde la conquista de Murcia a cambio Alfonso II de Aragón se ve libre del vasallaje de Castilla. Tras la muerte de su tio el rey de León hereda el trono su primo Alfonso IX. Aprovechando la debilidad de su primo, Alfonso VIII ataca a León conquistando algunas ciudades que las incorpora a Castilla. Se firma la paz y Alfonso debe de restituir estas ciudades ganadas al reino de León.
Pacificados los reinos cristianos, Castilla comienza la contienda contra los musulmanes atacando al califa Yusuf I. La campaña se complica y Alfonso es vencido por los almohades en la batalla de Alarcos. Las fronteras de Castilla se ven mermadas llegando a establecerse la frontera en Los Montes de Toledo y las racias del verano 1197 llegan hasta Toledo, Madrid y Guadalajara. Ante el inminente peligro, Alfonso pide la colaboración del Papa Inocencio III, quien promulga una cruzada y la ayuda de los reinos peninsulares. En 1212 se da la batalla de las Navas de Tolosa en la que vencen las tropas cristianas, con lo que se consolida Castilla en toda la zona manchega.

El matrimonio de Alfonso con Leonor aportó al reino de Castilla una estabilidad en la zona pirenaica. Leonor aporta en su dote el condado de Gascuña y el ducado de Aquitania.
Leonor era hermana del famoso Ricardo Corazón de León.
Alfonso funda en Palencia lo que dará origen a la primera Universidad de España. 
La corte de Alfonso se vio favorecida por la llegada de trovadores y sabios que vinieron bajo la protección de la reina. Funda el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas en Burgos. Que será desde entonces el panteón real de los monarcas Castellanos hasta la llegada de los Reyes Católicos. Otra consecuencia de este matrimonio es la advocación de Santo Tomás  Becket en Castilla y como consecuencia en España. Leonor ordena edificar una capilla en la catedral de Toledo bajo la advocación del primero amigo de su padre y después enemigo, Santo Tomás de Becket. Esta capilla fue la primera dedicada al santo ingles fuera de la isla.

 El condestable de Castilla D.Álvaro de Luna realiza una remodelación y la incorpora a la capilla de Santiago, donde reposan sus restos y los de su esposa.
El santo adquirió tanta popularidad que en la iglesia de San Nicolás de Soria, hoy en ruinas, se pintó en una capilla el martirio de Santo Tomás. En Salamanca se conserva  una iglesia dedicada a Santo Tomás Cantuariense.
Santo Tomás Cantuariense.
Leonor trajo a Salamanca a los hermanos ingleses Ricardo y Randulfo como maestros de la Escuela Catedralicia que será el germen de la futura universidad. Estos deciden en 1175, cinco años después de su muerte, y después de su canonización por el Papa Alejandro III de levantar la primera iglesia en honor del santo compatriota, Siendo esta la primera de
Fresco con el martirio de Santo Tomás en la iglesia de Santa Maria.
todo el mundo cristiano construida bajo la advocación de Santo Tomás.

 
Santa María
En el complejo episcopal de Egara, en Tarrasa, en la iglesia de Santa María, se le dedica una capilla y un fresco realizado en 1180 del martirio del Santo. 

La iglesia parroquial de la población segoviana de Vegas de Matute esta dedicada al santo, siendo el patrón del pueblo. Lo mismo ocurre con la población zaragozana de Layana. Como consecuencia del matrimonio de Alfonso III de Aragón con Leonor de Inglaterra, hija de Enrique II y Leonor de Castilla, el Santo adquiere importancia y Blasco de Grañen  realiza el retablo de Anento.
En la población pontevedresa de Caldas de Reis, por la que el santo pasó, se contruyó en su honor, el siglo XIX una iglesia dedicada a Santo Tomás.
Leonor manda construir sobre el solar de la mezquita de Cuenca la Catedral de Santa María y San Julián de Cuenca de estilo gótico normando. 

Trascurre el tiempo y debemos de esperar hasta el reinado de Felipe II, que después del fallecimiento de su primera esposa María Manuela de Portugal, se casa en segundas nupcias con Maria I de Inglaterra, más conocida como Maria Tudor. Era hija de Enrique VIII y de la alcalaina Catalina de Aragón. 
Catalina era hija de los Reyes Católicos. La politica matrimonial hizo que se casara con el Principe de Gales Arturo. Al poco tiempo de llegar a Inglaterra el joven matrimonio enfermó, muriendo Arturo. Para no devolver la dote se acuerda un nuevo matrimonio, con el hermano de Arturo, Enrique VIII. De este matrimonio nace Maria Tudor que reina en Inglaterra. 
Tras observar un retrato surgido del pincel de Antonio Moro, María, loca de amores, quiso desposarse con su retratado, un entonces jovial y rubio Felipe II, el mismo monarca que en 1561 instalaría la capital de los reinos de España en un Madrid a la sazón imperial y también provinciano.
María y Felipe se casaron; pero tan solo convivieron unas semanas. De este matrimonio no hay descendancia.


La siguiente tentativa de matrimonio la encontramos en el reinado de Felipe IV, que alojaría en Madrid durante meses al gorrón Príncipe de Gales, Carlos Estuardo, que galanteaba a una hermana del monarca español con miras a desposarla. Tras vivir el príncipe a cuerpo de rey, agasajo tras agasajo en fastuosas veladas repletas de regalos, guiños y banquetes junto con su fiel duque de Buckingham, el futuro rey de Inglaterra se abrió, marchóse y no
hubo nada. Bueno, sí: años después —tras ser retratado por el genial Antón van Dyck, a punto éste de ser fichado como pintor de la Corte de Madrid—, el ya rey, Carlos I, altanero y desafiante frente a un Parlamento vivaz con él indignado, sería destronado y decapitado en 1649 durante la revolución republicana de Oliverio Cromwell, lord Protector.

España es el primer estado que reconoce al régimen regicida de Oliverio Cromwel. La paradoja es doble si se tiene en cuenta que la catolicísima España estaba reconociendo a un gobierno, la Commonwealth, dirigido por puritanos y que estaba considerando la necesidad de crear una alianza de estados protestantes.
Para tal fin Inglaterra decide mandar una embajada a Madrid, y a fin de acabar con los recelos de Felipe IV el embajador español en Londres, Cárdenas, escribe: “Lo que la conveniencia y razón de estado aconsejare obrar a favor deste gobierno y en reconocerle y admitir sus embaxadores, o en hacer confederación con él si obligaren a ello, los accidentes y intereses de V.M.”. Para cumplir la misión el Rump Parliament decide enviar a Madrid a Anthony Ascham. El 4 de mayo de 1650 llega a Madrid el embajador Ascham, acompañado de su interprete John Baptista de Ripa y se alojan en la casa de Doña Elvira de Paredes en la calle del Caballero de Gracia, en el mismo edificio que más adelante será el Oratorio del Caballero de Gracia. Pero algo se cruzó en la historia para que la embajada no se realizase adecuadamente. No sólo había llegado a Madrid Anthony Ascham, sino que también habían entrado en la Villa cinco realistas ingleses (según algunos autores eran seis), llamados, según Répide, Gilen, Morsal, Perchor, Separt y Arms. Su única misión era dar muerte a aquel que había
Calle del Principe.
propiciado la ejecución del soberano británico. No es tan claro si se movían por la mera venganza o si dentro de sus intenciones se encontraba la de dar al traste con la posible alianza de España e Inglaterra. Al atardecer del 6 de mayo Ascham y su interprete son asesinados a la salida de su residencia de Caballero de Gracia. Los asesinos escapan y se refugian en sagrado. En concreto en el convento de Atocha. Londres pide justicia ejemplar para los asesinos, pero estos tienen fuertes partidarios dentro de la corte española. Los asesinos son capturados y encarcelados. Los ingleses piden una justicia rápida, pero no llega lo que provoca sucesivas quejas por parte de Londres. Dos años después del asesinato del embajador, se aplica garrote vil al principal de los asesinos. los demás quedan encarcelados, pero uno logra escapar y le encontramos años

después con responsabilidades palaciegas en la corte de la restauración monárquica.

Estos hechos sucedieron no muy lejos de la calle del Príncipe, donde se levantó un templo para los católicos ingleses. La institución fue dirigida por jesuitas y funcionó de 1665 a 1767.
La Reforma Protestante indujo a que la corona británica prohibiera y persiguiera mediante leyes penales a los fieles católicos que aún quedaban en sus territorios. Como medida a esta persecución, la Iglesia de Roma fundó numerosas instituciones en Europa para la formación de sacerdotes y laicos católicos, en un intento de mantener la fe entre el pueblo anglosajón, y en Madrid se fundaron el citado colegio para británicos y el Colegio de los Irlandeses, en la calle de Humilladero también desaparecido en la actualidad.
El Colegio de los Ingleses y su iglesia fueron puestos bajo la advocación de San Jorge, patrono de las Islas Británicas, y su gestión fue encomendada a los jesuitas, auténticos baluartes de la Iglesia de la Contrarreforma. En él estudiaron numerosas generaciones de británicos y madrileños hasta que en 1767 Carlos III firmó el Decreto de Expulsión de los Jesuitas y abandonaron nuestra ciudad, cerrando sus puertas el histórico colegio.Por cierto la placa que colocó el ayuntamiento de Madrid se la debemos a nuestro amigo David John Butler
El complejo fue comprado poco después por la Real Congregación de Naturales y Originarios de las Provincias Vascongadas, que pusieron la Iglesia bajo la advocación de su patrón San Ignacio y que mantuvo su sede en este lugar hasta 1931, cuando fue víctima de la “Quema de los Conventos”. 


En nuestra historia, los ingleses vuelven a aparecer, en la guerra de sucesión española, en la que apoyan al Archiduque Carlos. Las consecuencias ya la sabemos, fueron la perdida de Gibraltar y Menorca. 

Casi un siglo después en 1809, centenares de oficiales y varios miles de soldados británicos se situaron junto a los españoles para echar a Napoleón de la Península Ibérica, cosa que contribuyeron grandemente a conseguir por su valor militar, su arrojo y por la sabia conducción de sus aguerridas tropas por sir Arthur Wellesley, lord Wellington, colmado luego de honores por Fernando VII. Pese a llevarse por delante la artillería del Sire la Real Fábrica de Cerámicas del Retiro —competencia de las de Wedgeworth—, durante sus operaciones militares para desalojar a los franceses del parque madrileño, talado sin piedad por estos. Francisco de Goya, por encargo del rey Fernando, se dispuso a retratar el victorioso duque.

George Borrow, conocido como don Jorgito, recorrió España y cruzó por Madrid entre 1836 y 1840 vendiendo biblias anglicanas sin notas añadidas. Las andanzas españolas de Borrow, fueron prologadas y traducidas un siglo después por Manuel Azaña, futuro presidente de la Segunda República. Por cierto, la iglesia anglicana de San Jorge de la calle de Núñez de Balboa esquina a la de Hermosilla es una joya de arte neomudéjar, neorrománico y neogótico anglicano ideada por el arquitecto Teodoro Anasagasti en 1925, potente expresión de la presencia inglesa en Madrid.


Pasaron unos treinta años desde la guerra de la independencia y vuelven a aparecer las tropas inglesas y vuelven a la carga en España y se aliaron con el carlismo, alzado en armas este movimiento ultraconservador contra la reina regente María Cristina, forzada proclive a los liberales. El pretendiente tradicionalista, Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII, también estuvo a punto de entrar en Madrid con la ayuda de los publicistas británicos, sin conseguirlo.

Llegando a la revolución industrial, y con la llegada de los primeros ferrocarriles y tranvías llega el capital de los industriales y burgueses ingleses,  si bien su número no lograría nunca superar el de los importadores ingleses de vinos y jereces españoles.

Ya en el primer tercio del siglo XX, jóvenes proletarios, poetas, novelistas y artistas británicos, en número de 2.500, figuraron entre los primeros en incorporarse a las Brigadas Internacionales, cuando Madrid se hallaba a punto de caer en manos del fascismo, a partir del verano de 1936. Periodistas y escritores, como George Orwell o Ralph Fox, combatieron contra Franco. El coraje combativo de aquellos muchachos quedó patente en los frentes madrileños del Jarama y Brunete, entre otros escenarios bélicos, donde muchos de ellos dejaron sus vidas bajo el fuego aéreo de cazas, bombarderos y tanques alemanes e italianos, como en el otro lado lo hicieran soldados de infantería del entonces Marruecos colonial español que apoyaban a los golpistas.

Durante la posguerra española y la Segunda Guerra Mundial, Madrid fue escenario de un pertinaz espionaje mutuo entre nazis y aliados, de intensidad desbocada. La cervecería El Águila, en Correos, y Embassy, de Castellana esquina a Ayala, fueron dos de los descansaderos de los agentes secretos. 

Fue el hijo de un anticuario londinense establecido en Fuencarral y de una gitana española, el pintor especialista en Francisco de Goya Tomás Harris, quien desde Madrid y Londres teledirigió al espía doble catalán afincado en Madrid, Juan Pujol García, alias Arabel y alias Garbo.
Empleado del hotel Majestic de la calle de Velázquez, con engaños calculados Pujol penetró en el servicio secreto militar alemán; viajó a Inglaterra para operar desde allí supuestamente por la causa nazi, pero se ofreció a los aliados y, tras inventarse una red ficticia de 26 colaboradores filonazis, filtró durante varios años información veraz —pero inocua— a Hitler, al que logró engañar sobre el desembarco de Normandía, pese a habérselo anunciado seis horas antes: su enredo facilitó el arranque de la reconquista militar de la Europa occidental en manos de los nazis, ya arrebatada por los rusos en Stalingrado, en Europa oriental, desde casi dos años antes. También Kim Philby, espía a favor de la URSS y amigo de Tomás Harris, estuvo en Madrid tras la Guerra Civil, contienda que había cubierto informativamente para la prensa conservadora inglesa como tapadera de sus actividades de espionaje.

Revolucionaria sería la actuación en Madrid, en el verano de 1963, del grupo The Beatles


actuan  en la plaza de toros de Las Ventas y, dos décadas después, la primera de las de The Rolling Stones


en el estadio Vicente Calderón. Desde entonces, la influencia cultural inglesa en Madrid, que arrancó a finales de los años 60 del siglo XX con el bautismo de la calle de Don Ramón de la Cruz como Moncho Street, con comercios de ropa y de discos en clave psicodélica, propició el paulatino desplazamiento de la lengua francesa como exponente del idioma moderno en el habla de los jóvenes, luego en las aulas y, a la postre, como referencia cultural prioritaria. La lengua inglesa, hasta entonces considerada mero habla de comerciantes o técnicos, la sustituyó con creces. Su foco de irradiación fueron los cursos prácticos del Instituto Británico, buque insignia cultural inglés en la calle de General Martínez Campos de Madrid.
Como dato curioso, la capital madrileña es al parecer la ciudad del mundo donde el atuendo femenino ha incluido, durante décadas, más faldas escocesas que el propio Edimburgo, al decir de numerosos sastres, lo mismo podríamos decir del traje de confección masculino "Principe de Gales". La moda de la mujer y el hombre la empieza a marcar unos años antes los grandes almacenes denominados "El Corte Inglés". El número de pubs, sustantivo procedente de public house, la forma de ocio social y tabernario a escala inglesa, ha sido desde entonces creciente y el disfrute de las pintas, exponencial: el pub Dickens, lugar de reunión bajo el franquismo de periodistas y escritores de izquierda, situado en la calle de Maldonado, llegaría a ser apodado La hoz y el Martini.

sábado, 5 de mayo de 2018

Calle del Conde de Lemos.

Comparto un grupo de WhatsApp  con unos amigos con un interés común que es todo lo referente a nuestra ciudad. Por las tardes noches y como continuación de una pequeña tertulia que celebramos cada 15 días, solemos comentar e incluso jugar con esta aplicación a lo que en otros momentos se llamaba "la caza del zorro" o "búsqueda del tesoro". Nuestra juego, comienza cuando uno de los componentes guasapea una imagen relacionada con Madrid y pregunta ¿dónde?

Por cierto que palabra tan rara  pero permitida por "la fundación del español urgente", también conocida por Fundéu. Su principal objetivo es el buen uso del español en los medios de comunicación a través de las recomendaciones lingüísticas. 
Guasapear ha ocupado y ganado posiciones con respecto a la obsoleta de Chatear. Palabra que estaba tan de mona apenas hace tres años, un poco antes de la utilización masiva de los teléfonos móviles. Esta palabra tan extraña, la hemos españolizado, de la misma manera que hicieron nuestros antepasados del califato cordobés,  al escribir con caracteres árabes, las diferentes lenguas romances, lo que se llamó aljamía.

Pero volvamos al origen de esta entrada. La pasada noche y como estímulo a la participación de este guasap de los diferentes integrantes. Un miembro colocó la siguiente fotografía, con el comentario:




"La calle de Lemos debió de tener un rotulista gallego que la cambió a Lemus".

Al poco rato los sonidos del telefóno y sus vibracioenes no paraban, "piripín-pripín breeeeep".

 Otra imagen, en la que se lee Calle del Conde de Lemos y responde:
- No conocía la rotulación.
Da tiempo a buscar más información, nuevamente el aviso del teléfono y sus vibraciones.
- Según Pedro de Répide, la calle se abrió al público en 1803. Aparece con la rotulación de Conde de Lemus. Debió de ser antes de octubre de 1971, ya que hay una llamada, en la edición del 81, en la que la rotulación se ha corregido y aparece con el nombre de Conde de Lemos.
Nuevamente el sonido insistente del aviso de un guasap nuevo.

- ¿Dónde está?  ¡qué me estoy perdiendo!
Más sonidos y opto por silenciar el móvil. - La calle comienza en la calle del Espejo y termina en la plaza de Santiago.
Al ratito un destello luminoso del teléfono me deslumbra, otro mensaje:
- Pero... ¿no es la calle Monforte de Lemos?
 En menos que canta un gallo, el teléfono vuelve a insistir. Pero no se responde a la pregunta anterior, el diálogo se va complicando.
- Se llama Conde de Lemos por tener su palacio el conde en esta calle. El Conde de lemos era un gran amante de las artes y ejerció el mecenazgo sobre Lope de Vega, Góngora y Cervantes. Ocupó diferentes cargos Virrey de Nápoles, Embajador ante el Papa, Presidente del Consejo de Italia. Cansado de las intrigas palaciegas del duque de Uceda, pide permiso a Felipe IV para retirarse a su palacio en Monforte de Lemos. En 1622 viene a Madrid para visitar a su madre enferma que habitaba en su palacio.
Repentinamente el Conde fallece en su palacio la madrugada del 19 de octubre de 1622. La inesperada muerte dió que hablar y se apuntó la hipótesis de un envenenamiento por parte de sus rivales políticos. Sobre este hecho Lope de Vega en una carta dice: "Mucho ay que hablar y no es para papel".
El 19 de octubre se le entierra en el Monasterio de las Descalzas Reales. Siete años después se trasladan sus restos al convento de Santa Clara de monforte de Lemos, donde su viuda había tomado votos. Pasado el tiempo la viuda funda un nuevo convento y sus restos son trasladados a la nueva sepultura.
Las conversaciones se mezclan y alguien publica una foto del interior de una taberna y pregunta
 -¿Dónde?
 otro contesta.
 - A mi en esto de los bares, tascas y fogones  me pillas.
No hay más hilo en esta conversación, pero nuevamente los destellos luminosos, que no dejan de emitir y en la penumbra de la habitación, parecen la llegada del "SAMUR".
-¡ Oh... y yo pensando que la Vaguada ahora estaba en Monforte de Lemus!
Ahora contesta el provocador de la primera imagen

- De cutio se  ha llamado Conde de Lemos, natural de Monforte de Lemos, a pesar de lo que diga Repide.
Leo ansioso y no comprendo la expresión "de cutio". ¡Quizá está escribiendo alguno de los mecenados cultistas del Conde de Lemos! Lo que me obliga a consultar esta locución, entre tanto siento un palpitar de mi telefóno, no me ha dado tiempo a buscar la expresión. La encuentro y leo su significado: loc. adv. desus.  De continuo, de asiento.

Abro el guasap y las conversaciones se entierran una sobre la otra.

- O sea que hay dos calle dedicadas al mismo conde.
Otro responde
- Repide hace una anotación diciendo que toma el nombre correcto,. Creo que el primer rotulo es anterior.
Alguien pone orden y reponde al hilo de la converación utilizando la flecha superior de la aplicación, que señala a la izquierda,  en la que se copia el mensaje a responder.
- No, una hace referencia a un pueblo, Monforte de Lemos, en Lugo y está en la Vaguada y la otra hace referencia al personaje histórico que fue el Conde de Lemos, en el barrio de Santiago en Ópera. Ocurre lo mismo con la calle de Rodríguez de San Padro, en Moncloa, que hace referencia al político y ministro de Alfonso XIII y bisabuelo de otro ministro, hoy imputado, Rodrigo Rato; y la calle Conde Rodríguez de San Pedro, en el popular barrio de Vallecas, que hace referencia al primer conde, padre del anterior y presidente de Acción Católica.
Otro dice:

-Capmany, habla de la calle de Lemus y del Conde de Lemus.
Le responden:
- En la planimetría  de mediados del XVIII, en la relación de casas de 1771 es Conde de Lemus.
El provocador e instigador de esta historia interviene 
-Gracias, en todo caso lo de Lemus fue un error repetido por "el copia y pega de entonces".
La respuesta no se hace esperar. 
- Yo también pienso que es un error. En el plano de Tomás López de 1785 ya aparece como de Lemos. De todas forma me parece muy interesante ese rótulo con el nombre de Lenus porque seguramente es del XVIII.
Resumiendo, creemos qu el rotulista cometio un error al copiar en el papel el nombre de Lemos, no cerrando la o como le enseñaron sus maestros en las clases de ortografía. Como consecuencia en el traslado a la placa queda trasformada en U, dando origen a esta entrada.

miércoles, 2 de mayo de 2018

Pasaje de Matheu.

 Muy cerquita de la Puerta del Sol encontramos esta pequeña calle peatonal, pero no menos importante. Aquí siempre huele a "bravas, calamares, mejillones, boquerones", casi mejor que si pasas con hambre y llevas prisa debes de elegir otro itinerario.
El pasaje es perpendicular a Espoz y Mina y a la calle de la Victoria. Data del año 1840. Anteriormente, el terreno estaba ocupado por el convento de la Victoria, que da nombre a la actual calle de la Victoria. En un principio el pasaje se llamó de la Villa de Madrid. Estaba cubierto por cristales y fue obra del arquitecto Antonio Herrera de la Calle.
Seguía la moda importada de París para enlazar dos calles con la instalación de lujosas tiendas a ambos lados del pasaje.
Con el tiempo, desapareció el techo de cristal y cambió su nombre al de Matheu, antiguo propietario de los terrenos. Manuel Matheu tenía su morada en la casa que hace esquina con Espoz y Mina. Ahora no sabría decirte en cual de las esquinas. Lo que te aseguro es que las dos son de parecida construcción. La casa es famosa por la reunión que hubo hacia 1854, entre los generales Espartero y O´Donell, en la que los dos generales se abrazaron en el balcón ante la muchedumbre que había a su alrededor. Con este abrazo y después del pronunciamiento de "La Vicalvarada" el reinado de Isabel II, goza de un periodo de libertad que durará hasta que O´Donell desplace a Espartero del gobierno.
La fama de esta pequeña calle se debe a la existencia de dos cafés que conviven y son el germen de las futuras terrazas madrileñas. Los nombres de los cafés eran el de París y el de Francia.  Ambos eran lugar de reunión de la colonia francesa. El de París era preferido por los conservadores y monárquicos mientras que en el Francia se reunían los republicanos y gente de ideas más avanzadas.
El paseante se llevará una sorpresa al levantar la vista en la esquina de la calle de Espoz y Mina y mirar a las placas en las que figura el nombre de esta pequeña calle. Lo primero que llama la atención es el dibujo realizado por el ceramista Alfredo Ruiz de Luna sobre Manuel Matheu. La cerámica representa un busto de varón que más recuerda a un personaje calderoniano de nuestro siglo de oro. Bien pudiera ser "El Alcade de Zalamea" y no un hombre de negocios del XIX, que especuló con la compra de terrenos desamortizado.
Pero si vuelve la vista hacia la otra esquina se quedará más atónito al leer la placa antigua de color azul.
Si, pasage con "G" en lugar de la perceptiva "J" que marcan las reglas del español. ¿Qué le pasó al rotulista? 
Quizá no fue a la escuela y no aprendió las reglas básicas de ortografía.
Quizá era uno de esos franceses que acostubraba a visitar el café Francia o París.
La defensa de los responsables de esta falta de ortografía, seguramente se remonta a la segunda mitad del XIX, y las reglas ortográficas no tenían la misma implantación que en la actualidad y por influencia francófona, era común escribir pasage con G.
Pero lo que más llama la atención es la segunda placa azul, aquí no hay falta de ortografía.
Pero no es la única calle de Madrid con esta falta de ortografía en su rotulación. En la calle de la Montera en el número 33 encontramos un rotulo enorme que anuncia "El Pasage del Comercio" escrito con "G", que lo analiza muy bien Carlos Osorio en su blog "Caminando por Madrid". Es el conocido Pasaje de Murga, llamado así por su propietario Mateo Murga. Tomo la fotografía de este blog en el que se aprecia el rotulo del Pasaje.